Cuántos proyectos han empañado los miedos y las creencias.
Ahora seré un poco crítica con eso.
Esas frases “Wonderful” están muy bien y quedan geniales en una taza, aunque hay circunstancias en las que mandar mensajes a diestro y siniestro de ‘si puedes soñarlo, puedes hacerlo’ o ‘hazlo con miedo’ pueden ser, además de irreales, perjudiciales.
Pueden desmotivar a la persona, quemar su resiliencia y confundir su autoconcepto en relación con las circunstancias del entorno y situación personal, social, política, económica… variables que entran en juego al llevar ese ‘sueño’ al mundo real.
Que puedas soñarlo, no significa, necesariamente, que por ello puedas hacerlo. Puede que sí y que sea perfectamente realizable, pero no siempre es así. Y esa es la realidad.
Lo mismo pasa con miedos fóbicos. Animar a hacer las cosas con miedo extremo puede terminar en un jamacuco que empeore la situación.
Creo como profesional, en no dejar a una persona desnuda ante la adversidad.
En explorar: si quiero, puedo y soy capaz.
¿Cuál es la mejor manera de gestionarlo?
Un objetivo bien llevado y acompañado por un coach que lo haga específico, realista, medible y alcanzable y que te acompañe a identificar tus creencias y transformarlas en recursos y metas que te reten y te mantengan focalizado, va a permitir esos cambios que estás deseando desde lo más profundo.
La medida es que valores si el miedo que sientes supone un peligro real o es una interpretación catastrofista propia.
Porque la mayoría de las veces cuando te paras a pensar qué es lo peor que podría pasar, la respuesta es: NADA.